Jacobo, un vecino de Vigo de 36 años, condujo sin carné desde los 15 años y pasó ocho años en prisión. Su experiencia demuestra que la educación vial para condenados por delitos de tráfico es fundamental para romper la espiral delictiva. El contacto directo con la realidad de las víctimas logró un impacto positivo en él, superando la efectividad de años de multas administrativas y permitiéndole abandonar su conducta negligente al volante.
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